miércoles, 20 de abril de 2011

EDITOR DE ORO- MANLIO ARGUETA

En marzo de este año se cumplió el veinticinco aniversario de la muerte del poeta e intelectual Italo López Vallecillos, autor de El Periodismo en El Salvador.


Es oportunidad para invitar a grabar en piedras el recuerdo de quien ofrendó su vida por los libros. La vida literaria de Italo estuvo ligada a este periódico donde escribo la columna y donde él comenzó a publicar desde los doce años.

Antes de llegar a los años cincuenta del siglo pasado, los adolescentes tuvieron abiertas estas páginas para publicar a niños talentos que se iniciaban en las letras, con apoyo de José Jorge Laínez, director de la página infantil, y luego Jefe de Redacción. Con los años López Vallecillos derivó hacia el oficio de la edición de oro de El Salvador y América Central. Dirige un periódico nacional y trabaja como periodista radial cuando en 1959 lo llaman para dirigir la Editorial Universitaria de la Universidad de El Salvador nombrado, iniciativa del Rector Emérito Don Romeo Fortín Magaña.

Después de varios años de labor, viaja en 1970 a Costa Rica para fundar EDUCA, Editorial Universitaria Centroamericana donde edita en cinco años 150 títulos, una colección valiosa por su contenido centroamericano, obras que fueron conocidas en la región, pese a que ya se había iniciado un período bélico en Centroamérica. En 1975 regresa de Costa Rica a El Salvador llamado para dirigir y fundar UCA Editores, de continua labor editorial desde ese año hasta nuestros días.

Permanece ocho años en esa casa editora, ,pero al profundizarse los problemas políticos el escritor se asila en Costa Rica. Fue en 1983. De este país viaja a una conferencia en México donde muere de una dolencia repentina en 1986. Mi historia con Italo López Vallecillos se remonta a los años cincuenta, pero mi relación directa fue en la editorial universitaria que dirigió desde 1959. Regreso después de tres años en el exterior y me llama para colaborar en la edición de libros.

Esa vocación editora la heredo de Lopez Vallecillos; igual mi inclinación por la narrativa, pues él dirigía una publicación en papel brillante llamada Vida Universitaria y me invitó a escribir un cuento. Se lo entregué y en mi presencia comenzó a leerlo, tomó un lápiz rojo y comenzó a corregirlo. Como ex director de un periódico su habilidad en la prosa era más que fabulosa. La lección fue rápida pero certera. Lo corregí y regresé dos días después, lo publica y por primera vez tengo un ingreso pecuniario como colaborador.

Me ofrece trabajo en la editorial que en esos momentos publica sus ediciones en cartulina ordinaria y sin ninguna ilustración en la portada, nada más la letra titular en grande, horribles. Comenzamos entonces a asociar ideas y decide incluir color e ilustraciones. Italo llama al pinto Carlos Cañas para que le haga el diseño. Ahora pareciera una decisión sencilla, pero fue objeto de discusiones pues como director debía romper con la imagen adusta vinculada a seriedad académica. A partir de ahí se moderniza el trabajo de ediciones bibliográficas, pues en ese tiempo solo hay otra referencia editorial loable, la que realiza Ricardo Trigueros de León, de Publicaciones e Impresos del Ministerio de Educación, aunque no usaba el color.

Luego se creó La Pájara Pinta, revista que dio a conocer en América Latina una literatura joven desconocida fuera de las fronteras nacionales. El Editor de Oro ya no está con nosotros, pero es un honor recordarlo como pionero del venero que promueve la lectura y los valores de identidad nacional.

Manlio Argueta*
*Escritor. Miembro de la Academia Salvadoreña de la Lengua.

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