lunes, 15 de agosto de 2011

AQUI YACE UN HIJO DE PUTA- ENTREVISTA A LEONARDO HEREDIA

ENTREVISTA

Leonardo Heredia: “Aquí yace un hijo de puta”

No se enferme en los Estados Unidos. Sin seguro de salud, la catástrofe lo rodeará. Miles de latinos, incluyendo salvadoreños, sufren quebrantos pero su condición de ilegales les impide acceder a servicios médicos.

Lafitte Fernández
El Diario de Hoy
vertice@elsalvador.com

Leornardo dice que viola las leyes de la naturaleza 10 veces al día... Fuma dos cajetillas al día
Se llama Leonardo Heredia. Debieron bautizarlo “Libertad”.

Es probable que ese hombre pertenezca a una tribu diferente. Después de escuchar parte de su historia personal, le miré sus ojos casi ciegos y le dije que es uno de los pocos hombres que han construido una libertad a la carta. Una libertad ajustada hasta a los hábitos más invariables.

No soy viejo amigo de Leonardo. Lo conocí hace pocos días. Cuando entré a la sala donde me esperaba, se me agitaron los ánimos.

¿Quieres tomar algo?, pregunto. “Ya pedí un yodo”, responde ese hombre para quien hablar es pensar en voz alta.

La palabra “yodo” es parte del lenguaje vernáculo y charlatán del costarricense. Así llaman al café.

Por eso, cuando escuché ese vocablo en boca de un salvadoreño, me sobresalté.

-Diay, maje, dijo Leonardo, no ves que también soy tico.

Disparó tres bromas sobre los costarricenses y me obligó a soltar una carcajada. Y entonces me sentí frente a un hombre que agarra sus ideas de donde vengan.

Leonardo es una serie interminable de desgarramientos y adioses forzados. Los cuenta, uno a uno, con una especie de malicia gratuita.

Quizá en El Salvador no lo saben, pero Leonardo está estrechamente vinculado a la fundación y la historia de la radio y televisión costarricense.

Vivió muchísimos años en Costa Rica. Conoció a varios presidentes de ese país. Uno de ellos lo nacionalizó para que se convirtiera en la voz oficial de su propaganda política.

En Costa Rica, y esa fue una sorpresa para mí, Leonardo secreta historia. Tanto, que un día, mientras él y su amigo Roy Jiménez probaban un transmisor de un millón de vatios para una radioemisora (una verdadera locura técnica para esa época), dejaron a la mitad de los pobladores de San José sin luz eléctrica.

La planta acabó en Arabia Saudita. Roy y Leonardo debieron pagar un dineral como multa.

Apenas conocí a ese hombre miré sus ojos desenfocados. “Estoy casi ciego. Perdí el 99 por ciento de la vista”, me dice con un gesto que tendía, involuntariamente, hacia la permanencia.

Por eso es que, para cruzar una calle, se detiene y busca una sombra que se atraviese en su camino para seguirla. Así se pone a salvo.

Estoy convencido de que Leonardo es una serie interminable de desgarramientos y adioses forzados. Los cuenta, uno a uno, como si fuese una necrofilia en masa.

Probablemente fue el primer “hippie” salvadoreño. Desde los 12 años, comenzó a vagar por el mundo hasta convertirse en uno de los locutores estrellas de la XEW, la más importante radioemisora de América Latina desde mediados del siglo pasado.

Leonardo ha hecho de todo: desde transportar marihuana entre México y Estados Unidos, a los 12 años, hasta viajar desde aquí hasta San Francisco oculto en trenes y camiones. Es probable, también, que fue uno de los pioneros en ese asunto de viajar como “mojado

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