jueves, 6 de mayo de 2010

UNA HISTORIA QUE CONTAR- LA ROSA DE LA DIASPORA

Tomado de la Prensa Grafica


La Rosa de la diáspora
Los tres volcanes de El Principito son el Cerro Verde, el Izalco y el de Santa Ana. El boabab del libro es la ceiba. Algunos niegan este dato, pero José Vasconcelos llamó a Consuelo la Sherezada de América.

Escrito por Manlio Argueta / Escritor y miembro de la Real Academia de la Lengua
Domingo, 02 mayo 2010 00:00
OPINIÓN (Desde acá)

Escribiviendo

Hace dos años, el presidente de México, Felipe Calderón, visitó El Salvador y en discurso ante el presidente Antonio Saca y su gabinete afirmó que los salvadoreños debíamos sentirnos orgullosos de tener como compatriota a Consuelo Suncín. Me pregunto si todas las personas sabían de quién hablaba y por qué motivo sentir orgullo por esta sonsonateca (Armenia 1901-1979).

Estudiante de un colegio de monjas, hija de un general cafetalero, decide emigrar. Años después, se convierte en el personaje “La Rosa” de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, uno de los libros más leídos en el mundo (500 millones de ejemplares), el segundo más traducido después de la Biblia. Los temas son el amor (La Rosa); la estupidez humana y la sabiduría de los niños que la pierden al llegar a adultos por la mala educación recibida. Más sencillo que Elogio de la Locura, de Erasmo de Rotterdam (también toca la estupidez adulta pero con enfoque filosófico), El Principito no es solo un libro para niños, sino para los adultos, para los que deciden las políticas públicas, para los políticos en el poder.

Dos de cada cinco salvadoreños viven fuera de su país. Una exploradora inicial o pionera de esa dispersión salvadoreña fue Consuelo Suncín, quien emigra a los 19 años (1920), su familia le organiza casamiento con el cafetalero más rico de la localidad. Ella prefiere convertirse en La Rosa de la diáspora, (significa “dispersión de un grupo social por varios lugares del mundo; exilio, emigración”).

Escribe Claudia Lars en Tierra de Infancia: “Consuelo y yo tenemos ocho años, le digo que cuando grande quiero ser una gran poeta, ella dice que será una reina en el mundo”. Trece años después, la joven marcha a cumplir sus sueños a Estados Unidos, México y Francia, se convierte en condesa y en rosa mundial.

Viuda dos veces, tropical, inteligente, de un país desconocido, no le es fácil ser aceptada por la familia aristocrática de su esposo, el conde Antoine de Saint-Exupéry, ambicionado por damas nobiliarias francesas. Pero la seducción de Consuelo triunfa. Se casa vestida de negro (1931), un misterio para muchos críticos literarios. Durante la guerra el escritor es derribado por los nazis (1944). La vida de la salvadoreña cambia, ya no será la misma. Picasso, Dalí, Maeterlinck, D´Annunzio, y varios premios Nobel son cercanos a ella, pero no pueden apoyarla, ya que solo residen en Francia. Y algunos franceses, incluido el Nobel André Gide, la rechazan y junto a los Saint-Exupéry hacen que la salvadoreña desaparezca de las biografías del escritor.

Consuelo muere en 1979. Pero en 1999: el escritor francés Alain Vircondelet obtiene permiso de José Fructuoso (heredero de la salvadoreña) para investigar documentos. Descubre Memorias de La Rosa, de grandes tirajes en Estados Unidos, España y Francia. Y resucita a “La Rosa” de la diáspora.

En marzo, 2010, una obra: Una casada vestida de negro, de la argelina Marie Helene Carbonel, revela datos inéditos de la artista y escritora Suncín, en 600 páginas, descubre pasiones familiares contra quien se atrevió “a conquistar el mundo” desde El Salvador.

Los tres volcanes de El Principito son el Cerro Verde, el Izalco y el de Santa Ana. El baobab del libro es la ceiba, (Las Tres Ceibas de Armenia). Algunos niegan este dato, pero José Vasconcelos, ese notable filósofo mexicano, llamó a Consuelo la Sherezada de América. Y de Saint-Exupéry hay cartas sobre las historias sorprendentes de volcanes y sismos en El Salvador.

En fin, una biografía novelesca de La Rosa mundial, un patrimonio que necesitamos resucitar para nuestra nación.

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